27 de diciembre de 2010

Maestros del ruido textual: ejemplo 4

Acá copio el poema entero, para no mezquinar. Es de Víctor Gaviria. La primera vez que lo leí iba en un micro; volvía de Rosario, había sol de mediodía. Pero las campanadas ésas me sacaron del micro y me pusieron en esta otra escena nocturna. Sin duda fueron las campanadas. Y después todo ese sonido tan activo, preámbulo de la actividad muda del hombre misterioso. Tanta gracia y agilidad, enmudecidas.

Era muy tarde

Había pasado ya la temprana noche, luego
la medianoche,
y luego habían sonado algunos relojes en la calle,
una campana, dos campanas,
con diferencia de segundos,
primero en la ventana de reja, después
en el balcón del carbonero,
a mitad de la cuadra,
y el sonido atravesó el aire en penumbra
hasta la caligrafía en sombra de las hojas y los tallos delgados
en la blanca pared...
De pronto un hombre descalzo que había llegado de otras
     calles,
cruzó sin hacer ruido la avenida
y entró bajo los arcos de los árboles,
silencioso y erguido,
con una desenvoltura en los brazos y las piernas
que lo hacía parecer otro hombre, el que va
a su casa por un camino de campo,
y nadie le sigue,
nadie mira su espalda.
Entonces se acuesta en la acera
bajo la sombra de una casa...

Maestros del ruido textual: ejemplo 3

Vengo lenta de ejemplos como vengo lenta de todo; si me apagan un poquito el horno tal vez espabilo.

La que sigue es sólo una oración, una oración que me fascina. Aunque no puedo calcular si así, sueltita, causará algún efecto (en todo caso, retomamos el sonido de los pájaros del poema de Morábito).

Es de Amos Oz en "Un descanso verdadero". La traducción es de Raquel García Lozano. Y dice...

"El agudo trino de un pájaro se oyó un instante entre las sombras del amanecer, y ese sonido se unió a la oscuridad y comenzó a disolverla".

20 de diciembre de 2010

Maestros del ruido textual: ejemplo 2

De Fabio Morábito. Otro auto que intenta arrancar junto con el día.

(Y ya que hablamos del sonido, es muy lindo escucharlo con su particular pronunciación y enunciación).


Oigo los coches

En la mañana oigo los coches
que no pueden
arrancar.
A lo mejor, entre los árboles,
hay pájaros así,
que tardan en lanzarse
al diario vuelo,
y algunos nunca lo consiguen.
Me alegro cuando un auto,
enfriado por la noche,
recuerda al fin la combustión
y prende sus circuitos.
Qué hermoso es el ruido
del motor,
la realidad vuelta a su cauce.
¿Cómo le harán los pájaros
para saber en qué momento,
si se echan a volar,
no corren ya peligro?
¿Qué nervio de su vuelo
les avisa
que son de nuevo libres
entre las frondas de los árboles?

15 de diciembre de 2010

Maestros del ruido textual: ejemplo 1

(A pedido de María, mi fiel lectora desconocida). 

Éste es Antonio Di Benedetto en "El silenciero" (justamente):

"De madrugada --el día no es más que una lechecita aguada en la ventana-- algo como el corazón se alborota en mi interior, mientras mi entendimiento, puesto en pie de alerta, discierne un ruido pegado al muro trasero de mi pieza.
   La impresión de motor dura solamente unos minutos. Después van distinguiéndose, una a una, las operaciones de poner el pesado coche en movimiento, retroceder, avanzar de nuevo, volver atrás y por fin enfilar a la salida. En la distancia se borra sin esfuerzo, incorporado a la difusa acústica con que nace el día en las ciudades".

10 de diciembre de 2010

¿Sabés lo que escuché?


Por la calle o desde la ventana o desde un árbol, un sonido. Que por alguna razón transforma el momento. Tratar de pasarlo a la escritura y ver si logra también transformar el momento escrito; si logra correrlo de dimensión, o redimensionarlo, como hizo --seguramente por muy poquito tiempo--, con el momento vivido.  Cuando sale bien, está buenísimo. Para mí no es muy fácil. Por eso me voy armando mi galería de maestros del sonido textual, a ver si me enseñan cómo lo hicieron, aquella vez, en aquella línea.



Fabio Morábito, Amos Oz, Antonio Di Benedetto, Víctor Gaviria. Sonríen porque les sale bien.

2 de diciembre de 2010

A quien le quepa el sayo




"Sostener una posición es sostener una falsa posición".


(Patrick Hamilton, citado por Michael Holroyd en un artículo que estoy traduciendo).


29 de noviembre de 2010

El caballerito que dio aquel mal paso





Éste es un libro que me divirtió traducir, cortito y ágil como deberían ser varias cosas, y fundamentalmente con humor, el ingrediente indispensable, según mi humilde ver, de todo. Sí, de todo, y me la banco. Y si no fíjense cómo terminó el caballero del título, cuya carencia de humor es pasmosa. El humor, che, no se le niega a nadie.

El caballero que cayó al mar, H.C. Lewis, Bestia Equilátera.

Acá abajo un fragmento: el barco culón dice adiós, y se marcha rumbo al horizonte.





   (...) Pedaleando en el agua para permanecer a flote, Standish abrió los ojos y se encontró con la visión más aterradora que hubiera visto nunca; tan aterradora era que su mente se paralizó por un instante. No de miedo, sino de asombro. Eran las nalgas indecentemente grandes y desnudas del Arabella, contemplándolo ominosas con sus ojos de buey, mientras se alejaban en un océano de espuma. Standish nunca había imaginado que un barco, ni ninguna otra cosa, pudiera verse así. Gracias a sus viajes, conocía mucho sobre la forma de los barcos; podía darse cuenta si un barco era lindo o feo. En Honolulu, al ver el Arabella desde cierta distancia meciéndose en el muelle, lo admiró de inmediato. Era largo y no demasiado ancho, no tenía incongruencias de caños o chimeneas, estaba pintado de un gris modesto, el puente no sobresalía y la cubierta con pozo contribuía a una elegante terminación. El Arabella daba la impresión de combinar fuerza con delicadeza... en Honolulu. Podía haberse llamado “señorita” Arabella; una señorita pechugona y autosuficiente, pero señorita al fin.
   Pero ahora Standish comprendía cuán errado había estado. Los ojos se le desorbitaron un poco en esos breves momentos en que se quedó observando, fascinado y horrorizado, la nauseabunda visión. Una vez, en el zoológico de Nueva York, había visto el trasero sin adornos de un mandril adulto, y por unos momentos había quedado fascinado. Luego su costado más fino, imponiéndose sobre el ordinario, le había indicado darse vuelta e ir a ver los elefantes. La popa del Arabella le recordó las nalgas de aquel mandril. La hélice, revolviendo el agua, hacía un ruido persistente que Standish nunca antes había oído. Desde la cubierta trasera, donde esos ojos de buey lo observaban solemne y misteriosamente, la popa se curvaba hacia dentro y descendía hacia el timón, casi proclamando, con esas líneas en repliegue, que eran aquellas sus partes privadas, de las que un hombre pudoroso debería desviar la mirada.

19 de noviembre de 2010

La arbitrariedad al palo

Cada vez que, traduciendo, me encuentro con una de esas mayúsculas que el inglés usa para nombrar idiomas, movimientos, períodos históricos, etc., siento cierto inexplicable, sutil placer al minusculizarla en su paso al castellano.
Como si me jactara de que MI idioma no se anda con esas boludeces ni se prosterna ante conceptos con ínfulas jerárquicas.

De estas sensaciones arbitrarias está hecha mi naturaleza.

15 de noviembre de 2010

Todo pasa

10 de noviembre de 2010

Lunedì + sera + pioggia + Peppe = festa!

Peppe Voltarelli, el lunes pasado en La Trastienda:


"Para la cultura italiana la cosa é así. Cuando conocés a alguien lo primero que querés saber es: 'Ma esta persona, ¿trabaja o non trabaja?'. Si trabaja, é una merda".

Ascoltate questo lavoratore della musica:



3 de noviembre de 2010

Siempre el vaivén


Un momento de precisión, otro de vaguedad

la convicción, la duda

palabras cuyos bordes resplandecen
                        
                                                de definición

expresiones que podrían decirse
                       
                                           de todas las maneras


                                                           
                                                                                                                                                                        foto de Dino Bronfman

25 de octubre de 2010

Femenino, plural y pequeño



Me dijo mi hija: "Nosotritas somos muy bonitas". ¿Estaríamos ante un uso nunca antes registrado, algo así como el diminutivo pronominal? ¿O mucho sbaglio? Lo único que puedo imaginar como alguna vez usado es el "yocito"...

24 de octubre de 2010

Otro de Reznikoff, que no conoció los reencuentros vía Facebook

Hola y adiós

Esperando para cruzar la avenida
vi a un hombre que había ido a mi escuela:
solíamos llevarnos bien
y nos reconocimos en seguida.
“Qué calor, ¿no?”, dije yo,
como si nos hubiéramos visto ayer. “Llegó a noventa y cinco”.
“Ay, no”, respondió él. “¡Todavía no tengo noventa y cinco!”.
Después sonrió un poco tristemente y dijo:
“Sabe que estoy tan cansado
que creí por un momento que hablaba de mi edad”.

Seguimos caminando juntos y me preguntó en qué andaba.
Pero no le importaba, por supuesto.
Después, amable, le pregunté por él
y también respondió brevemente.
En la escaleras del subte me dijo:
“Debería darme vergüenza
pero olvidé su nombre”.
“No se avergüence”, respondí,
“yo también olvidé el suyo”.
Con lo cual ambos sonreímos una mueca,
nos dijimos los nombres y partimos.

20 de octubre de 2010

Un posible momento perfecto

Explicado por Charles Reznikoff. Sáquenme de acá y pónganme ahí. Muchas gracias.


 
 
                                                            Me gusta esta caminata secreta
                                                            en la niebla;
                                                            no se me ve, no se me escucha,
                                                            entre los arbustos
                                                            repletos de gotas;
                                                            el sólido sendero invisible
                                                            a una varilla de distancia –
                                                            y sólo el estrecho presente está vivo.

18 de octubre de 2010

Si es nena le pongo



Pronunciación Restituta




(suficiente con las Martinas y las Chiaras)




15 de octubre de 2010

Cada vez que paso pienso "gracias"

Unos señores están embelleciendo la esquina de mi casa.
Se subieron a los andamios y entraron a pegar mosaiquito por mosaiquito.
Empezaron hará un mes:


Y ahora va quedando así:



Y así:








12 de octubre de 2010

Qué. O acaso alguien tiene todos los patitos en fila.

Este poema forma parte de una serie que James Schuyler escribió en enero y febrero de 1975, durante una de sus varias estadías en un hospital psiquiátrico. La serie se llama The Payne Whitney Poems (Payne Whitney es el nombre del hospital); son once poemas cortos desde la internación -- desde el desierto de la vida detenida, "a desert kind of life".
Pero este poemita que pongo acá, sacando (o no) las pastillas... ¿quién no conoce esa sensación? Especialmente los que trabajamos en nuestras casas. Ese momento después del almuerzo en el que la concentración se vuelve utópica, nada avanza, nada cuaja, todo se funde en la bruma soleada de las dos de la tarde y es muy difícil desglosar los elementos del mundo: un humo indefinido, un estridor metálico para el que sería imposible imaginar una fuente concreta (y de todas maneras quién tiene ganas de hacer el esfuerzo), la posibilidad de un poema, la fiaca inconmensurable de pensar siquiera qué es un poema, la omnipresencia del yo, el miedo al "qué es yo".

Qué

¿Qué tienen esas pastillas?
Pasa el almuerzo y casi
no puedo mantener los ojos
abiertos. Ay, si hubiera alguien
para charlar de cualquier cosa.
Hasta un perro alcanzaría.

¿Por qué están martillando
metal ahí afuera? ¿Y qué es
ese generador
cuyo zumbido feroz entra
por la ventana? Qué es un
poema, en todo caso.

Los narcisos, el brezo,
las fresias, todos
me hablan. Yo les
contesto, como San Francisco
y el lobo de Gubbio.

29 de septiembre de 2010

Nesquick


...Y me reencontraré con mi viejo amigo Villa José Villa!

23 de septiembre de 2010

El hombre de al lado: diseñame ésta

El hombre de al lado me gustó por varias cosas, pero lo que más me gustó de la película es que me hizo volver a pensar, esta vez con un poco más de atención, en una noción que me viene fastidiando sorda pero insistentemente desde hace un tiempo, que es la noción de "jefe de contenidos". La noción y la expresión elegida para nombrarla. Cada vez que la escucho se me remueve una incomodidad occipital. Será que soy medio vieja chota o que, como me sugirieron la semana pasada, "no entiendo el progreso", pero para mí decir "jefe de contenidos" es lo mismo que decir "jefe de relleno". 
Porque pienso: antes, se tenía una idea. La idea debía tener algún tipo de soporte. Y el soporte había que diseñarlo de alguna manera. Entonces se buscaba un diseñador. Ahora me parece que es al revés: la idea ES el soporte. Después, secundariamente, hay que pensar qué soporta ese soporte. Es decir, rellenarlo. Entonces aparece el jefe de contenidos.
¿Es cierto, como me parece a mí, que el contenido pasó de ser LA categoría que definía un proyecto a estar a la misma altura que el diseño para, gradualmente, ir descendiendo hacia las profundidades, dejando el diseño al mando de todo?  
Esto pensaba mientras veía El hombre de al lado: que al personaje de Leonardo, ese diseñador exitoso y admirado, el diseño le absorbió las ideas. Claro que el diseño también puede tener contenido (no sé, teórico, estético, comunicacional, obviamente estoy improvisando), pero llevado a un extremo, acorralado como lo acorrala Leonardo, tal vez te sorbe los sesos, te seca las ideas y hasta la ideología. Es lo que parece pasarle a Leonardo cuando manotea asustado algún último recurso: "cómo voy a mandarle a la policía...". Pero hasta esa mínima intención se desvanece entre las paredes blancas, y él parece pensar: "necesito YA un jefe de contenidos para mi cerebro".

14 de septiembre de 2010

Peligro: derrame de kitsch sobre costas mentales

Una cosa que a veces me pregunto es por qué podemos tolerar y hasta disfrutar una canción muy salame si dicha canción nos lleva, por unos minutos, de vuelta hasta una escena del pasado (una escena agradable, claro) y nos permite sentir un milímetro de lo que sentimos en esa ocasión, pero no pasa lo mismo con un texto, un poema digamos, muy malo, que en algún momento nos gustó o nos emocionó o significó algo especial para nosotros. ¿Tendrá que ver con una oposición del tipo sensorial versus intelectual? No creo, pero no sé.
Ejemplo: a los diez años tenía pegado en mi pared algo que entonces se llamaba "postercito" -- esa especie de papel entelado o tela papelada con alguna inscripción -- con el poema Hagamos un trato de Mario Benedetti. Me lo había regalado mi mejor amiga y las dos nos lo sabíamos de memoria y era como un tratado de nuestra amistad. La situación, si la pienso, me sigue pareciendo linda. El poema en cambio me hace rebotar la vista si intento entrarle.
Ahora: encuentro en youtube este video donde un cantante español canta esta canción que en el viaje de egresados de séptimo grado, en el micro hacia Villa Carlos Paz, interpretábamos a voz en cuello, abrazados, con mis compañeros de la primaria. Hasta ahora no recordaba ni que el cantante era Camilo Sesto ni exactamente cómo era la canción; solamente un cierto lineamiento melódico y algunos conglomerados aislados de palabras. Pongo play y quedo fascinada.



Para posibilitar un estudio más exhaustivo del problema, copio a continuación el postercito:

Hagamos un trato
Si alguna vez adviertes que te miro a los ojos
y una veta de amor reconoces en los míos,
no pienses que deliro;
piensa solamente que puedes contar conmigo.

Si otras veces me encuentras huraño sin motivo
no pienses que es flojera,
piensa solamente que puedes contar conmigo.

Pero hagamos un trato,
yo quisiera contar contigo,
es tan lindo saber que existes,
uno se siente vivo.

Y cuando digo esto
no es para que vengas corriendo en mi auxilio,
sino para que sepas
que tu siempre puedes contar conmigo.

12 de septiembre de 2010

That's the way

I like it




8 de septiembre de 2010

Leonard Cohen. Si no es una cosa es la otra: si no estoy constipado estoy asustado.

Esta novela no fue lo más sencillo que me haya tocado traducir, y casi no me creo que finalmente partió de mi compu (bueno, técnicamente todavía está ahí) y apareció en las mesas de las librerías. Con Cohen cada palabra podía ser eso o varias otras cosas, cada frase no del todo llana podía ser un invento suyo, una referencia cultural, una cita trastocada, una cita burlada y hasta un error tipográfico. Cada sintaxis podía pasar a ser otra en mitad de la oración; resemantizando, por supuesto. En un momento, empecé a sospechar hasta de las preposiciones. Para calmar mi paranoia mi amigo Mark improvisó, desde Brooklyn, una especie de consejo asesor canadiense que hasta llegó a reportarse desde la puerta misma de la casa natal de Leonard Cohen, con álbumes de fotos incluidos (la novela transcurre en gran parte en ese barrio). Los miembros del Consejo (Kevin Pask, Marcie Frank y Judith Herz), además de dedicarse a distintas áreas de la literatura, tienen por suerte la edad suficiente como para recordar ciertas especifidades de los años '60 en Canadá. Quiero volver a agradecerles a los cuatro desde aquí. Va un parrafito:

(...) La constipación no me dejó olvidar. Constipación desde el momento en que armé la lista. Cinco días arruinados en sus primeras medias horas. ¿Por qué yo? La gran queja de los constipados. ¿Por qué para mí el mundo no funciona? El hombre solitario sentado en la máquina de porcelana. ¿Qué hice mal ayer? ¿Qué irreductible ribera de mi psique necesita mierda? ¿Cómo puedo empezar algo nuevo con todo lo de ayer dentro de mí? El odiador de la historia agachado sobre el cuenco inmaculado. ¿Cómo puedo probar que el cuerpo está de mi lado? ¿Mi estómago es mi enemigo? El perdedor crónico de la ruleta mañanera planea su suicidio: saltar al St. Lawrence llevando como lastre un intestino sellado. ¿De qué sirven las películas? Soy demasiado pesado para la música. Soy invisible si no dejo una evidencia diaria. La comida vieja es veneno, y las bolsas gotean. ¡Libérenme! ¡Houdini exhausto! ¡Perdí la magia cotidiana! El hombre acuclillado negocia con Dios, enviando listas de resoluciones de año nuevo, una tras otra. Comeré solamente lechuga. Dame diarrea si tengo que tener algo. Déjame ayudar a las flores y a los escarabajos de la bosta. Déjame pasar al club del mundo. No disfruto de las puestas de sol; ¿para quién arden, entonces? Voy a perder el tren. Mi parte del trabajo mundial no será hecha, te lo advierto. Si el esfínter tiene que ser moneda, haz que sea moneda china. ¿Por qué yo? Voy a usar la ciencia en tu contra. Voy a ir tirando pastillas como si fueran cargas de profundidad. Perdón, perdón, no aprietes aun más. Nada me ayudará, ¿es eso lo que quieres que aprenda? El esforzado hombre posado sobre un círculo se prepara para abandonar todos los sistemas. Llévate la esperanza, llévate las catedrales, llévate la radio, llévate mi investigación. Es difícil deshacerse de todo eso, pero una carga de mierda es todavía más difícil. Sí, sí, abandono hasta el sistema de renunciación. En el azulejado tribunal del amanecer un hombre doblado intenta mil juramentos. ¡Déjame testificar! ¡Déjame comparecer! ¡Déjame proyectar sombra! Por favor vacíame, si estoy vacío puedo recibir, si puedo recibir significa que viene de fuera de mí, ¡si viene de fuera de mí no estoy solo! No puedo tolerar esta soledad. Sobre todo es soledad. No quiero ser un estrella, simplemente estar muriendo. Por favor déjame tener hambre, así no seré el punto muerto, así podré distinguir los árboles en sus vidas particulares, así podré tener curiosidad sobre los nombres de los ríos, la altura de las montañas, las diferentes formas de escribir Tekakwitha, Tegahouita, Tegahkouita, Tehgakwita, Tekakouita, ¡ay, quiero que me fascinen los fenómenos! ¡No quiero vivir adentro! Renueva mi vida. ¿Cómo puedo existir en tanto recipiente de la matanza de ayer? ¿La carne me castiga? ¿Hay hordas salvajes que piensan mal de mí? ¡Asesinato en la cocina! ¡Corrales de Dachau! ¡Acicalamos seres para comérnoslos! ¿Acaso Dios ama al mundo? ¡Qué monstruoso sistema de nutrición! ¡Todos nosotros, tribus animales en eterna guerra! ¿Qué hemos ganado? ¡Humanos, nazis alimenticios! ¡La muerte como centro de la alimentación! ¿Quién se irá a disculpar con las vacas? No es culpa nuestra, no fuimos nosotros los que armamos todo esto. Estos riñones son riñones. Esto no es pollo, esto es pollo. Imaginen los campos de exterminio en el sótano de un hotel. ¡Sangre en las almohadas! ¡Materia hincada en los cepillos de dientes! Todos los animales comiendo, no por placer, no por el oro, no por poder sino sencillamente para ser. ¿Para el Placer eterno de quién? Mañana empiezo el ayuno. Renuncio. Pero no puedo renunciar con el estómago lleno. Y el ayuno, Señor, ¿te agrada o te ofende? Podrías interpretarlo como orgullo o cobardía. Mi baño me lo he aprendido de memoria. Edith lo mantenía muy limpio, pero yo he sido menos meticuloso. ¿Es justo pedirle al condenado que friegue la silla eléctrica? Estoy usando diarios viejos; compraré rollos cuando los merezca. Al inodoro le prometí muchos cuidados si es bueno conmigo; lo voy a destapar. Pero ¿por qué tendría que humillarme ahora? Uno no limpia las ventanillas en un choque de autos. Cuando mi cuerpo se ponga en marcha las viejas rutinas se pondrán en marcha, lo prometo. ¡Ayuda! Dame una pista. Hace cinco días, salvo por esa primera media hora de fracaso, que no puedo entrar al baño. Tengo sucios los dientes y el pelo. No tengo la voluntad de afeitarme, de burlarme de mí mismo con un pequeño depósito de pelo. En una autopsia, tendría un olor inmundo. Nadie me quiere comer, estoy seguro. ¿Cómo es todo afuera? ¿Hay una afuera? Soy el muerto, precintado, impermeable museo de mi apetito. Ésta es la brutal soledad de la constipación, así es como se pierde el mundo. Se está dispuesto a arriesgar todo en un río, en un baño desnudo ante Catherine Tekakwitha, y ninguna promesa.

3 de septiembre de 2010

1 de septiembre de 2010

Igual, si hablamos de series...

The one and only


31 de agosto de 2010

Tranquilicemosnón, sentemosnón y hablemos

Cuando me pongo militantemente testaruda lanzo mi mantra pueril: una palabra vale más que mil imágenes. Muchas veces me harto y proclamo lo contrario: ya basta de palabra, tratemos de llegar por otro lado. Pero la verdad es: la palabra me tira, me tira a lo loco y debe ser por eso que después de años de andar esquivando series me encadené a ésta. Nos encadenamos, matrimonialmente hablando. 
Porque en el otro extremo de los elencos multitudinarios, las ideas "ingeniosas", las imágenes amontonadas de choques y vidrios astillándose (perdón, esto es porque el otro día vi El origen, no me quiero ni acordar), In Treatment sienta a dos personas cara a cara y las pone a hablar. En principio lo digo más allá del psicoanálisis (son sesiones de psicoanálisis). Ver y escuchar a dos personas hablando, interesadas. Interesadas en hablar. Te llevan por sus laberintos. Paredones, falsas salidas, salidas. Bla, bla, bla, sí, pero cómo quiero que llegue la noche y me encuentre con un poquito de atención intacta para el doctor Weston y sus pacientes.
Y viene de Estados Unidos, ¿eh? Así tan despojadita. Ahora eso sí: la rehicieron sobre el original israelí Be-Tipul, de Hagai Levi, y la escribe y la dirige Rodrigo García, el hijo de García Márquez.


Igual a mí sí me gusta que en las películas haya movimiento, idea, acción a lo grande. A veces. En principio necesito que la acción esté justificada por un argumento sólido. Puede ser pelotudo, pero tiene que ser sólido; así me interesa quién gana y quién pierde. Y me gusta que la acción propiamente dicha pueda seguirse. Eso es fundamental. Que si un auto persigue a otro quede claro cómo progresa la persecución. Que si se cagan a trompadas se pueda ir siguiendo la secuencia de golpes. Y si se rompen vidrios en una bella coreografía de cristales, uno pueda saber qué vidrio se rompió y por qué, y para qué; y ahí sí, como se dice ahora, "disfrutar del espectáculo" del estallido caleidoscópico de cristalitos. Bueno, al final parece que sí me quiero acordar de El origen: dejame de joder. ¿Qué, Nolan tuvo una idea, armó un boceto en tres horas y después le dio fiaca desarrollar y filmó directamente sobre el boceto? ¿Pim, pam, pum, crash, etc.? ¿La noción de los subsueños y la implantación de ideas le pareció lo suficientemente buena como para no tener que explicar nada más, lo eximió de construir verdaderos personajes y de ponerse a trabajar en un guión en serio? ¿La idea misma se le habrá presentado, incluso, en sueños? ¿Como resto diurno, resto de un día en el que estuvo leyendo a Lem y a Dick?

No, ya sé que armar el guión le llevó un montón de años.

Perdón por el exabrupto. Mis opiniones sobre cine (creo que es obvio) son apasionadas pero absolutamente amateur(s).

26 de agosto de 2010

Tom Raworth: éste es el cuerpo de lo que sucedió cuando nos encontramos


Tom Raworth tiene 72 y una energía que yo no tuve ni a los 4 ni a los 10 y mucho menos a los 17. Cliqueen su nombre con tiempo porque ahí adentro hay de todo.
Esto que sigue es parte de un libro que reúne varios textos suyos. Lo traduje gracias a y a través de Matías Serra Bradford, y los dos (los tres) esperamos que algún día se publique.


De Una biografía serial

Lo que debo hacer. Es. Investigar la forma de una vida. De algún modo llegar al cuerpo sólido. Como la máquina que usan en Locks para tomar el molde de un sombrero hongo. Un nido de varillas movibles que finalmente reproduce la verdadera forma de una cabeza. Cada saliencia. Ir empujando todas hasta llegar a algo sólido. Todo alrededor, como si pelara una cebolla. Por aquí... por allá... odio esas frases. El primer intento no puede ser correcto. Cada vez allanar otra zona. Como el tiempo se escurre necesito un registro. Verdad y oído. La vanidad misma parte del hecho. La lucha por alcanzar realmente la cosa, y no las muchas otras terminaciones prolijas y con aspecto de ciertas. Éste es el cuerpo de lo que sucedió cuando nos encontramos, por debajo de las palabras. Los verdaderos sentimientos, estaciones, clima. Los otros ruidos que para mí eran más importantes mientras conversábamos. Dejarme abierto, con confianza. Te estrecho la mano. Y otra vez es imposible. Sé que incluso ahora hay cosas que estoy dejando afuera; cosas que voy a distorsionar. Pero eso también es la verdad. Si el esqueleto es falso en partes ahora no puedo quitarlas o cambiarlas. La luz del sol sobre la calle cuando se encontró conmigo esa mañana. Algo que ella no podía recordar. Ron mandó una postal, dijo. Ah, sí, dijo, dice que murió Frank O’Hara hace dos días.


De Libreta

13 de enero. 1971.

Destruí el paisaje y crearás GENTE NUEVA.
         
                                                             . . .

El arte como faro: sólo ocasionalmente el rayo ilumina a la gente sobre cuyas costas se encuentra. los barcos que pasan.

                                                             . . .

o la poesía como sillón: sólo la silla básica, o la que es tan extraña que dice “probame” son interesantes. el resto sólo un cambio de tapizado o funda.

                                                             . . .

Hacer que las esas palabras (que estén) lo suficientemente pulidas en alguna faceta reflejen la luz que llega de ese objeto. una pintura punto por punto de una forma que no reconoceríamos.

                                                             . . .

El arte siempre puede desviar la atención de la inteligencia

                                                             . . .

“Blowing in the Wind” de Dylan como música de fondo de la pulverización sobre cultivos en “Actualidad granjera”.

                                                             . . .

Un arte que no puede ser usado, menos que menos por las personas “cultas”

                                                             . . .

No un arte que pueda entenderse porque la gente ha ido por ese camino; sino un recuerdo para estar allí si es que alguna vez están, para que no estén solos

                                                            . . .

TICTAC DEL ARTE tiene que ser el título de la novela bombardera

                                                           . . .

Las personas que siempre toman decisiones son aquéllas que más quieren tomar decisiones

                                                           . . .

La inteligencia convertida en reflejo equivale a la intuición

                                                           . . .

el reflejo de la lámpara es sol anaranjado sobre la luna en blanco y negro del televisor


De Cartas desde Yaddo

Bueno, cuando llegué a ese bosque de pinos y empecé a adentrarme un búho blanco voló derecho hacia el centro del sendero y me pasó por encima de la cabeza. Mientras miraba para arriba, pisé una nieve de aspecto firme y me hundí hasta las rodillas. Era el primer búho que veía fuera de un zoológico. De hecho creo que el único otro que vi se llamaba buharro, y está en el zoológico de Colchester en una jaula con el piso lleno de pajaritos muertos. Estaba seguro de que alucinaba, así que todavía con la nieve por las rodillas seguí mirando y sí, tenía cara de búho. Con eso quedé listo para el desayuno. Me pasa algo en los ojos. Si miro con los anteojos a través de ventanas donde se reflejan árboles veo fantasmas por todos lados. Como si todos los que pasaron por aquí hubiesen llenado el espacio de huella. Me fumé el último porro antes del desayuno y fui completamente paranoico al comedor. Aquí hay un novelista coreano que se llama Kim y está bueno mirar a través de sus ojos. Contaba que aprendió inglés de películas viejas. Como de Shirley Temple diciendo “You have to ess em eye el ee / to be aitch ay double-pee why”. Y la primera vez que salió de Corea y aterrizó en Estados Unidos vio un diario con un titular enorme que decía SHIRLEY TEMPLE SE DIVORCIA y pensó “¡Ohhh! ¡Esta gente CIEGA!”. El único problema con las películas era que nunca mostraban los besos, entonces el argumento iba a los saltos.

24 de agosto de 2010

¿Por qué el gallo canta con los ojos cerrados?

Para ver si se la sabe de memoria.



                                                              Si dices su nombre
                                                              deja de existir.
                                                              Quédate callado,
                                                              déjalo venir.

                                                              (¿Qué es?)

486 adivinanzas y "preguntas graciosas". Compilé, reformé, recauchuté, inventé y escribí la introducción. Fue divertido. Ya que estamos, gracias desde acá a todos los que me regalaron alguna.

20 de agosto de 2010

Antes de la última ola migratoria





Era el año pasado; ejercitándome con la camarita descubrí que nos habían invadido. Muchos de los personajes de este film se han tomado el gran buque hacia otros hogares. A los dos protagonistas nos los quedamos. 

18 de agosto de 2010

Hay humo en tus ojos


Lo que más se dice sobre Katherine Bigelow es que filma "cosas de varones". Todo el temita de la adrenalina, y ya con esta última de soldados que desarman bombas en Irak supongo que la habrán etiquetado como varonera sin retorno. Por lo que leí, que es poco, ella no se hace mucho cargo y declara que simplemente es "filmmaker", aprovechando que su idioma se lo permite.
A mí sus películas -- las tres que vi -- me hicieron experimentar. Sensaciones poderosas. Creo que Katherine te nubla los sentidos, te mete en una de nube de fuego, de humo, de papel picado o de rocío marino. Te ves la película desde ahí adentro y no sé, la ves como con un sexto sentido. Después salís a la calle y sos un núcleo de partículas vibrantes.
No, no tomé nada (aunque me siento medio afiebrada).
¿Viste cuando discute una pareja y ella empieza a llorar y él le dice "no llores", porque considera que desde las lágrimas el razonamiento se va a desvirtuar, que así no se puede hablar, que mejor hablar cuando ella se tranquilice? Y nosotras sabemos que no es así, que perfectamente se puede llorar y hablar, que incluso a veces la película acuosa te devela en el mundo una profundidad que no estabas advirtiendo.

11 de agosto de 2010

Lydia, sigo penando por ti

Es que vuelvo a leerla y vuelvo a amargarme por no estar traduciendo sus cuentos completos. Ahora, lo único que le encuentro de bueno a este desengaño amoroso es que cuando tengo un rato libre traduzco algunas cosas suyas sin presiones, especialmente sin presiones lingüísticas. Por eso verán que los textos que siguen han sido traducidos bastante a la argentina. Total...

Gente de ciudad
Se mudaron al campo. El campo es bastante lindo: hay codornices sentadas en los arbustos y sapos asomando en los pantanos. Pero están inquietos. Discuten más seguido. Lloran, o llora ella y él baja la cabeza. Él ahora está siempre pálido. Ella se despierta en pánico durante la noche porque lo oye gemir. Se vuelve a despertar en pánico porque oye que está entrando un auto. Por la mañana tienen sol en la cara pero los ratones charlan en las paredes. Él odia los ratones. Se rompe la bomba. Cambian la bomba. Envenenan a los ratones. Ladra el perro del vecino. Ladra y ladra. Ella sería capaz de envenenarlo.
“Somos gente de ciudad”, dice él, “y no hay lindas ciudades donde vivir”.

Cosas perdidas
Están perdidas, pero también no perdidas sino en algún lugar del mundo. La mayoría son pequeñas, aunque dos son más grandes, una un saco y una un perro. De las cosas pequeñas, una es un anillo valioso, una un botón valioso. Están perdidos respecto a mí y al lugar donde estoy, pero al mismo tiempo no desaparecieron. Están en algún otro lado, y están allí para algún otro, tal vez. Pero si no está allí para algún otro, el anillo, de todas maneras, no está perdido para sí mismo sino que sigue allí, sólo que no donde estoy yo, y el botón, también, allí, sólo que no donde estoy yo.

Nietszche
Ay, pobre papá. Perdón por haberme burlado de vos.
Ahora yo también escribo mal Nietszche.

Mejorando
Volví a sopapearlo porque estando a upa mío me arrancó los anteojos y los lanzó a la reja del pasillo. Pero no me lo habría hecho si no hubiera estado ya tan enojada. Después de eso lo llevé a dormir.
Abajo, me senté en el sofá a comer y leer una revista. Me quedé ahí dormida una hora. Me desperté con migas en el pecho. Cuando entré al baño, no pude mirarme al espejo. Lavé los platos y volví a sentarme en el living. Antes de irme a dormir me dije que las cosas estaban mejorando. Era verdad: ese día había sido mejor que el día anterior, y el día anterior había sido mejor que casi toda la semana anterior, aunque no mucho mejor.

8 de agosto de 2010

Very Important Moment

Cara, nombre, altura, lugar de nacimiento, club actual. La colección fue creciendo y de a poco cobró sentido. Llegó la fecha y los datos empezaron a aplicárseles a personas reales. Bueno, personas en el televisor que por unos días nos importaron. Hubo esas semanas de relevancia máxima, y después otra vez las caritas se fueron retirando hacia el horizonte de nuestra atención.
Pero quedaron las páginas crujientes, los pilones de repes ordenados de menor y mayor y muy sobre todo la obsesión infantil por llenar cada uno de esos rectángulos en blanco.
Ayer, finalmente, pusimos el broche de oro.

6 de agosto de 2010

Insisto. Un poco más de Rez

Algo que me pasa con Charles Reznikoff es que encuentro en sus poemas cosas que escribí, o traté de escribir, en los míos. Antes de leer los suyos, claro (después también, pero ahí supongo que ya se puede hablar de ansiedad de influencias). A él todo le sale mil veces mejor, pero muchas veces me parece que pusimos los ojos sobre lo mismo. Cuando lo traducía, en 2003, me sorprendía todo el tiempo. Hasta encontré un par de títulos iguales. Tal vez podría acusarlo de preplagio: murió cuando yo tenía 8 años y un mes.
De todas formas a mí sus poemas me gustan por ellos mismos, no sólo porque me recuerden a los míos. Bah, eso quiero creer. Aunque mirá  Mick y Bianca.


De Jerusalem the Golden

8

El viento nos sopla la lluvia en la cara
mientras bajamos del cerro
sobre latas oxidadas y diarios viejos,
pasamos el árbol en cuyas ramas desnudas
los chicos han colgado aros de hierro,
hasta llegar por fin a las lombrices aplastadas
estiradas y estirándose sobre la vereda húmeda.

9

En la ladera
de cara al sol de la mañana
qué claro y recto es cada yuyo.
Camino al subte esta mañana
el viento nos sopla manojos de pétalos blancos
del árbol florecido en la ladera;
tan como papel picado –
pero, claro,
es el festival de la primavera.

15

Recién en la calle sentí
que las hojitas de los árboles a lo largo de la cuneta
estaban firmes
en los cielos azules.
Ahora el subte
expreso
toma velocidad
y un viento
sopla por el vagón,
sopla polvo
sobre los pasajeros,
y por el piso
pedacitos de papel –
envolturas de caramelo,
de chicle, papel metalizado,
partes de diarios...

35

La luz matinal
es opaca y azul—
la silenciosa luz
del bosque;
pero ahora empieza
el tenue aunque multitudinario
ruido de la lluvia.

66

Si es que hay un plan,
tal vez esto también esté en el plan,
como cuando un vagón del subte prende un interruptor,
las ruedas chillando contra los rieles,
y se apagan las luces –
pero enseguida vuelven a encenderse.

4 de agosto de 2010

Charles Reznikoff: simetría de todo lo que crece

Querido Rez: nos entendemos en todo.














De Uriel Accosta: A Play and A Fourth Group of Verse

22

Pasada su enfermedad, él seguía en cama.
Veía por la ventana cuando no había escarcha
nubes y la rama de un árbol.
Los pájaros cruzaban el cielo,
o un gorrión saltaba entre ramitas.
Él observaba, quieto como la rama;
le parecía que su sangre estaba fresca como savia.
Cuando movía las manos o el cuerpo se movía despacio,
como la rama en el crepúsculo.
Sus padres pensaban simplemente que todavía estaba débil.
En marzo estuvo bien. A menudo cuando entraba a su cuarto,
iba hasta la ventana unos minutos y se quedaba mirando
el árbol.
Y lo miró brotar y las hojitas y las hojas ya
crecidas y las hojas colorearse y caer.
Los padres habían perdido su dinero. Vendieron la casa y
tenían que mudarse.
Subió a su cuarto por última vez.
El tronco del árbol, ramas y ramitas estaban quietos.
Pensó: “El árbol es simétrico... y todo lo que crece...
... en forma... y en cambio a través de los años. Así es
mi vida... y todas las vidas”.
Bajó las escaleras cantando alegremente.
Su padre dijo: “Tantos problemas, y éste canta”.

2 de agosto de 2010

La velocidad de la infancia en los espacios abiertos...



...pocos la describen como Hayao Miyazaki.




¿O será que los dos nos acordamos de esa sensación inexplicable entre el esternón y la boca del estómago?

28 de julio de 2010

Mark Dow escribe el ruido de la lluvia

Pero lo escribe en inglés, y traducirlo no es sencillo si se quiere que el poema siga conteniendo esos sonidos. Lo bueno es que el autor ayuda: no solamente aprueba o desaprueba, sino que tira ideas nuevas, ideas que tal vez había tenido durante la escritura del poema pero no se hicieron del todo visibles en esa primera versión, o que el castellano le permite desarrollar mejor. Entonces, después de treinta mails con preguntas y respuestas, me termina diciendo: "Parece que me estuviera mandando a hacer un poema nuevo, a medida". Y le gusta la idea, y le gusta, por suerte, esta nueva versión a la que llegamos entre los dos.

Mark Dow nació en Texas pero vive en Brooklyn, Nueva York. Nos conocimos en 1997, en una lectura de poesía en un subsuelo. Es mi amigo y asesor permanente en cuestiones de uso del idioma inglés. El poema éste que tradujimos apareció, en su versión original, en http://www.fascicle.com/, pero el link a veces anda y a veces no.

La imagen es un cuadro de Norman Bluhm, que era amigo de Frank O' Hara, que era amigo de James Schuyler, que a Mark le gusta tanto como a mí.





















Anochecer perforado

Las gotas estallan sobre el cemento cálido y mojado,
golpetean la repleta canaleta de hojalata a lo largo del techo salido,
allí que tic, que tac y puntean los charcos de murmullos
esporádicamente como pis goteando de la pija de un viejo.
Trazos eléctricos dibujan zags a través de quichicientos huecos.
Riachuelos serpentean parabrisas hacia vasto capó azul, mar a la larga.
La goma negra agrietada que bordea el parabrisas realmente habría que cambiarla.


Perforated Evening

Drops splat onto the warm and wet cement,
patter the teeming tin gutter along the jutted rooftop,
tick scattered tocks there and whisper dots to puddles
sporadically as piss trickling from an old man's dick.
Electric strokes zag through the zillion tiny holes.
Rivulets meander windshield toward extensive blue hood, eventually sea.
Cracked black seal along the windshield really needs to be replaced.

27 de julio de 2010

Que si vengo, que no voy, que si estoy, que me pierdo...

A veces cuando traduzco las palabras se me empiezan a enroscar en los tobillos y me hacen tropezar y quedo ahí tirada en medio de la maraña de sentidos. Y ya no sé qué está bien y que está mal, y empiezo a googlear ridiculeces y hasta le pego un tubazo a la señora de la Acadé, ésa que te soluciona la vida por teléfono (la vida lingüística, se entiende) mientras, imagino, moja las vainillas en el té con la destreza necesaria como para que no se le desintegren y le formen en el fondo de la taza una capa vainillosa imposible de tragar una vez que termine con tus ridículas consultas.
Bueno, pasa que la señora no responde el teléfono, supongo que no será para preocuparse pero no responde, y entonces se me ocurrió poner la duda acá, a ver si la lee alguien que me la sepa disipar: la expresión "venir a la mente" (como en "de pronto me vino a la mente la cara de mi profesora de química", -- qué horrenda la cara de Sordelli, ya que estamos), ¿puede usarse, y es correcta, para otras personas que no sean la primera? Muchas veces la vi, sí: "le vino a la mente tal cosa". Pero ¿es que el verbo "venir" se despoja, en esta expresión hecha, del significado de avanzar hacia o llegar hasta el lugar del que enuncia? O podríamos pensar, si se trata de ficción, que si el punto de vista del narrador, aunque esté en tercera, está efectivamente en ese personaje (o si estamos ante el famoso discurso indirecto libre, por ejemplo) se justifica ese "vino" de "le vino a la mente"? Problema que se solucionaría, claro, con un "le fue a la mente", si existiera la expresión. Ma no, non esiste.
(Tengo miedo de estar preguntando algo muy idiota, lo confieso. Por suerte modero los comentarios).


24 de julio de 2010

Las rimas son de nosotros, los dibujos son ajenos

Más exactamente, de María Hellemeyer.
Es parte de una serie de libritos para chicos que pensamos juntas hace tiempo.
Todavía buscan editor.










21 de julio de 2010

La rima, si traducida, dos veces rima

Y siguiendo con el tema. Si tuviera que pronunciarme respecto de la poesía rimada y su traducción, me encontraría en un ni que sí ni que no. Qué raro en mí.
No, lo que me parece es que hay que estudiar cada caso en particular. Por "cada caso" me refiero a la dupla poema/traductor. Porque hay poemas que sería tan difícil traducir con rima que sería forzarlos, obligarlos a rimar; y ya se sabe que a la fuerza las cosas nunca salen bien. Pero también puede ser que esos poemas se encuentren con un traductor tan iluminado y ducho en asuntos de métrica y de rima que logre rearmar el texto al otro lado del espejo sin volverlo un invento contrahecho.
Hay en cambio poemas que dependen tanto de sus rimas y sus músicas que traducirlos sin ellas sería lo contrario: forzarlos a no cantar, o desnudarlos.
Y en el medio hay, claro, un montón de variantes y un montón de traductores y un montón de maneras de pensar la cosa.
Todo esto para poner un poema que me tocó traducir hace un tiempo, con el que me divertí mucho. Yo creo que cae en la categoría "traducilo con rima y si no dejá, no lo traduzcas". Es de J. R. R. Tolkien y está en El libro de los gatos, que compiló y prologó Liliana García Carril para Bajo la luna.
Va el original primero, después la traducción.
El gatito frenético lo dibujó Juan Lima.



Cat                                                                                                 
The fat cat on the mat
may seem to dream
of nice mice that suffice
for him, or cream;
but he free, maybe,
walks in thought
unbowed, proud, where loud
roared and fought
his kin, lean and slim,
or deep in den
in the East feasted on beasts
and tender men.

The giant lion with iron
claw in paw,
and huge ruthless tooth
in gory jaw;
the pard dark-starred,
fleet upon feet,
that oft soft from aloft
leaps upon his meat
where woods loom in gloom --
far now they be,
fierce and free,
and tamed is he;
but fat cat on the mat
kept as a pet
he does not forget.


Gato
El gato barrigudo en el felpudo
cuando soñando
parece estar con marrones ratones
o quesos blandos,
de rugientes parientes
quizás vaya detrás
en pensamiento,
resuelto, esbelto, desenvuelto
sin sometimiento;
o se deje llevar, en su soñar
hacia profundas cuevas en Oriente
y allí de tiernos hombres se alimente.

El inmenso león sin compasión
de férreas garras,
hirientes dientes
en feroces fauces;
el gallardo leopardo
de ligera carrera
que en sigilosa espera
se encumbra en la penumbra
y cae sobre su presa con destreza...
lejos se fueron
libres y fieros,
y a él lo domesticaron, pero
aun en su mullida vida
de mascota vencida
el gato barrigudo no se olvida.

18 de julio de 2010

Jimmy Schuyler: uno cortito justo para hoy


Celebrando la ley de matrimonio gay y la nieve inminente.


                                                     
                                                                Una ciudad blanca

                                                                Mis pensamientos giran hacia el sur
                                                                una ciudad blanca
                                                                despertaremos abrazados.
                                                                Despierto
                                                                y oigo golpetear el radiador
                                                                como un corazón de metal
                                                                y veo que ha nevado.

15 de julio de 2010

Átame

Casi siempre me alegro cuando en una novela que estoy traduciendo aparece alguna cosita rimada que hay que reinventar. Algo liviano como una canción, un verso popular, cosas así. Con las que no hay que entrar en planteos teóricos sobre si está bien o mal traducir con rima. Cosas cuya rima y musicalidad hacen al vaivén argumental de la novela tanto como su contenido concreto -- o a veces más. Salvo que esté teniendo un muy mal día, me divierte. Disfruto de la constricción triple de la métrica, la rima y el sentido. Y si es una canción que tiene que volver a entrar, una vez traducida, en cierta música, disfruto todavía más. ¿Seré un cacho masoquista? Por ejemplo con esta cancioncilla que le viene a la mente, así porque sí, de buenas a primeras digamos, al personaje de la novela de la derecha mientras flota panza arriba en el mar preguntándose si el barco desde donde cayó volverá alguna vez a rescatarlo. (Es lo que estoy traduciendo ahora, para La Bestia Equilátera).


Dice la canción original (que existió, ¿eh? Fue compuesta en 1876):

My grandfather's clock was too large for the shelf,
So it stood ninety years on the floor;
It was taller by half than the old man himself,
Though it weighed not a penny-weight more.

It was bought out of pawn
On the day that he was born,
And was always his treasure and pride;
But it stopped
Short
Never to go again
When the old... man... died.


Y digo yo:

No cabía en el estante el reloj de mi abuelo:
pasó noventa años en el suelo.
Era el doble de alto que el viejo
aunque en peso ambos iban parejo.

Lo desempeñaron
el día que nació
y fue siempre su orgullo y tesoro;
pero paró en seco
y ya nunca arrancó
el día... que el viejo... murió.

13 de julio de 2010

Al paso, al trote...

Traducir rápido es como galopar -- viene el impulso y te pone a teclear como si fueras un caballo espoleado y de pronto sentís que vas cubriendo terreno, llenás de letras la pantalla en blanco como el caballo deja doble huella en la tierra sin pasto.


(Claro que después habrá que volver sobre las huellas).

12 de julio de 2010

Así como Koethe homenajea a Wallace Stevens...




... se ve que yo también homenajeo a mis ídolos (ya que no maestros, qué lástima, che), sin talento alguno y de forma totalmente inconsciente.








Los de arriba son Rosa y su hermano Juan, del libro El túnel, de Anthony Browne. Éstos de la derecha son mis hijos, fotografiados por mí, bajo influencia. ¡Oia! Juro que fue sin querer. Bueno, sin tratar.